Si hay algo que choca actualmente con la teoría económica es que el euro se mantenga fuerte frente al dólar. ¿Cómo es posible, cuando la economía norteamericana está aguantando mucho mejor la pandemia y la administración Biden se va a gastar más dinero que las europeas en relanzarla?
En EE. UU. el último índice de actividad (PMI) del sector de manufacturas se encuentra en máximos (59,1). Un record. En plena pandemia. El de servicios está en 57,5, muy cerca de los máximos previos a la pandemia. ¿Y en Europa? El de manufacturas es claramente inferior —54,5—pero es que el de servicios está en 45, es decir, 12,5 puntos por debajo del norteamericano. Y recordemos que en una economía avanzada quien más aporta al PIB es el sector servicios. Pueden verlo en los gráficos 3 y 4, donde las líneas verdes son los índices de actividad (las barras grises el PIB).
Gráfico nº 3: Índice de actividad económica en EE.UU
Se utilice el dato que se utilice, la conclusión es la misma: la economía norteamericana bate por goleada a la europea durante la pandemia, ya lo hacía antes de la pandemia y con toda seguridad lo hará cuando acabe. Y lo hará porque las previsiones de estímulo en Norteamérica ya superan a la europeas.
Además de los estímulos y ayudas, Biden ha anunciado un plan de 1,3 billones de dólares en infraestructuras, pero también hay una cuestión estructural: una economía dinámica y digitalizada como la norteamericana lo hará siempre mejor que una economía burocrática, hiperregulada e infradigitalizada como es la europea.
Gráfico nº 4: Índice de actividad económica de la eurozona
Analizados los hechos, todavía resulta más extraño que el euro esté tan fuerte en su relación de cambio con el dólar. El motivo hay que buscarlo probablemente en el funcionamiento de los mercados, especialmente en las particularidades del mercado de divisas.
En Europa la lluvia de la pandemia cae sobre el charco de la euroesclerosis. Para que el BCE pudiera frenar el proceso deflacionista que genera esta mezcla, proceso que se ha agravado por los nuevos confinamientos y limitaciones a la movilidad, tendría que bajar tanto los tipos de interés oficiales que, en la práctica, es imposible hacerlo. O dicho de otra manera: con el nivel de deflación en el que se encuentra la eurozona y el que va camino de tener a corto plazo, incluso siendo negativos sus tipos resultan demasiado altos en términos relativos (en relación con el agujero deflacionista al que se dirige). Y el BCE no tiene espacio para bajarlos mucho más.
Si ya es una distorsión económica brutal que países como España o Italia cobren por tomar prestado dinero cuando sus cuentas nunca han sido peores y su deuda mayor, o que haya que pagar por tener dinero en el banco, imagínense el grado de perversión financiera al que podríamos llegar si los tipos de interés —los oficiales y los del mercado de bonos— bajaran todo lo que sería necesario que bajaran para poder compensar la presión deflacionista en la euroesclerótica y confinada Europa. Se frenaría la subida del euro, pero se crearía un problema mucho mayor.
Christine Lagarde no puede bajar mucho más los tipos de interés porque le crearía un problema gravísimo a la banca y tampoco puede triplicar sus compras de bonos si no quiere crear la madre de todas las burbujas. Y que se rebelen los países del norte de Europa y gran parte de sus contribuyentes y pensionistas. Lagarde tiene las manos atadas y los “traders” de divisas huelen “sangre” —metafóricamente hablando— y ahí es cuando entra en juego el negocio de la especulación: si el BCE está contra las cuerdas, terreno abonado para ponerse corto en euros.
Lo suyo es que esta fortaleza del euro, que no lo es sólo frente al dólar sino también frente a la libra esterlina y bastantes divisas de países emergentes, sea temporal. No sólo por su falta de lógica económica, sino porque la deflación se frenará con la normalización. Pero, en el corto plazo, recuerden que las fuerzas del mercado son poderosas. Permítanme recordarles que un solo especulador rompió el ERM (“Exchange Rate Mechanism”) europeo, germen del actual euro. Y lo hizo poniéndose corto en una de sus divisas (la libra). Se llamaba George Soros y aparte de hacer una fortuna ha quedado como ejemplo de hasta qué punto el mercado puede influir en la cotización de las divisas.
Cuestiones a considerar en una cartera de fondos sobre la fortaleza del euro
- Si invertimos en países que no sean europeos nos podemos llevar la sorpresa de que aunque suba la bolsa del país en el que hemos invertido ganemos menos que el índice de referencia
- Esto se debe a que muchos fondos que invierten a nivel internacional y especialmente si es en Estados Unidos no “cubren” la divisa, es decir, el valor del fondo se ve afectado por las oscilaciones de la divisa.
- Esto puede ser positivo si la divisa distinta del euro sube, negativo en caso contrario.
- Para hacerse una idea de lo importante que es esto, los fondos que invierten en Norteamérica que no cubren la divisa este año han subido un 9 % menos que los que sí lo hacen.
- La gran mayoría de los fondos que se distribuyen en España e invierten en Estados Unidos distribuidos por bancos españoles o gestionados por entidades españolas no cubren la divisa y lo han hecho peor que el índice de referencia.